LA EDAD DE ORO DEL VIAJE EN TREN

 

Interesante y singular libro escrito por Patrick Poivre d’Arvor sobre los trenes míticos que son y han sido.

Además de mostrar como son las rutas actuales de esos trenes, habla sobre todo de la época en que no existían los aviones de pasajeros, de la enorme duración de los viajes con esas máquinas a vapor, y del lujo y el refinamiento que imprimieron a dichos trenes, con el fin de atraer a pasajeros adinerados deseosos de viajar.

Entre los capítulos, cada uno dedicado a una de esas rutas, se encuentran el Transiberiano, el Mombasa-Nairobi, los trenes de los Andes …

 

El Orient-Expréss:

 

Este famoso tren fué ganando en recorrido desde su inaguración en 1883. Inicialmente llegaba hasta Constantinopla (Estambul).  En 1930, el tren cruzó el Bósforo y llegó hasta Theherán, El Cairo y Basora.

 

 

El actual Orient-Express suponemos que poco o nada tendrá que ver con aquellos trenes que derrochaban lujo y glamour:

He aquí el relato del viaje del inauguración y posteriores en aquellós años del siglo XIX:

 

“.. Las personalidades invitadas a realizar el viaje volvieron encantadas. Entre ellas sólo había hombres; esta aventura parecía todavía demasiado osada para las mujeres, y por otro parte, a los caballeros se les pedía que llevaran encima su pistola …¡Nunca se sabe!. He aquí el espíritu del Orient-Express, el que hoy todavía hace soñar: caoba, canapés de terciopelo “azul pavo real con ramajes”, sillones tapizados de oro encañonado, el cristal de los vasos que tintinea, unos lenguados “menières” servidos en bandejas de plata, mientras resoplaba la locomotora y, afuera, aullaban los lobos. Y, además, atentados (los Balcanes no eran seguros), una epidemia de cólera (¡todos los viajeros en cuarentena!), nieve en las vías (en 1929 el tren permaneció bloqueado una semana, sin ayuda, a más de 80 km. de Constantinopla); principes e intrigantes; ministros y espías; crímenes y amoríos …”

 

 

 

 

“.. ¿Dónde estamos? no lo sé; en alguna parte entre Pest y Temeswar. El tren se detiene y nos recibe la música de los zíngaros. A decir verdad, estos brillantes artistas sólo son zíngaros de nombre. Pero bohemios o no, llevan el diablo en el cuerpo, y tocan con un entusiasmo maravilloso. La orquesta ha subido a nuestro furgón de equipajes, pronto ha pasado al comedor; se monta un tráfago general de mesas y sillas, y he aquí a nuestros jóvenes bailando con las amables vienesas un vals de todos los diablos. Esta pequeña fiesta no se terminó hasta Szegedin.

Edmond About, 1883″

 

 

El Blue Train


” .. El Blue train se creó en 1923 y recorría el trayecto Ciudad del Cabo-Pretoria. El tren, a partir de 1927 fue rehabilitado, convirtiéndose en un tren de lujo. El precio del billete era disuasorio incluso teniendo en cuenta que, a bordo, todo estaba incluido… excepto, como explicaba el director del tren a los recién llegados, “el caviar, el champán francés y las comunicaciones internacionales”. No se trataba de un tren ordinario, más bien de algo parecido a una limusina, a una carroza o una alfombra voladora: cuartos de baño pavimentados en mármol, bañeras en las suites, tres tipos de agua en los grifos (caliente, fría y helada), la posibilidad de rectificar el clima de las cabinas y todo ello -lujo supremo- degustado con lentitud: la velocidad máxima era de 100 Km/h.”

 

“Se cruzaba el desierto calcinado de Karoo justo antes de que anocheciera y de la hora de la cena, para la que se exigía traje de etiqueta. Una última copa en el vagón-bar: fuera, en el cielo constelado de estrellas, brillaba la Cruz del Sur.”

 

“En 1905 llegó a las cataratas Victoria, allí donde el río Zambeze se precipita en una garganta de 108 m. Cecil Rhodes, muerto en 1902, no pudo ver el gran puente ferroviario que cruzaba el río y que, actualmente, sigue ofreciendo a los pasajeros una vista asombrosa de las cataratas”

Algunos testimonios de viajeros:

” .. En Bulawayo volvemos a subir al tren para terminar el corto trayecto que queda hasta Zambeze. El paisaje ha cambiado totalmente de aspecto. Por todas partes hay unos árboles gigantescos, que forman un bosque, y unos enormes baobabs diseminados erigen sus múltiples troncos lisos. Es la región de los leones, las jirafas, de varias especies de antílopes; pero los animales salvajes no se dignan acercarse a examinar nuestro tren y no vemos ni sombra de ellos. Sin embargo, en una determinada estación, el conductor nos muestra el esqueleto de un elefante que, el año pasado, cometió la imprudencia de quedarse dormido en los raíles, lo que provocó que el tren se retrasara de doce a trece horas.”

Ethel M. Bagg, 1913.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Una Respuesta a LA EDAD DE ORO DEL VIAJE EN TREN

  1. mercedes dijo:

    un libro para leer sin duda y adentrarse en otro mundo ya desaparecido cual misterioso relato de Conan Doyle!

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