Ramón Gómez de la Serna

 

 

Madrileño por nacimiento y por méritos propios, (1888-1963, fue el creador de la tertulia literaria del Café Pombo. Hombre liberal y cosmopolita que sin embargo amaba lo popular: las verbenas, la vida cotidiana en las calles, las tascas; dió a conocer las vanguardias artísticas a través de revistas y se exilió voluntariamente al llegar la guerra civil. En los años 50, viviendo en Buenos Aires, moría de nostalgia de su ciudad y la rememoró a través de párrafos como éstos:

“Así es Madrid, que durante las horas claras ofrece calles anchas y soleadas que abren las ganas de comer y de vivir, que tiene una preciosa nocturnidad -se acaba de descubrir que a los nocturnos no les ataca la gripe- y por ella se pasean los que miran las estrellas y les hacen guardia con su milicia voluntaria”

“Madrid es tan novelesco, que su novela perfecta es la de lo insucedido”

“Madrid es quedarse alegre sin ningún dinero y no saber cómo se pudo comprar lo que se tiene en casa”

“Madrid es oir gritar a una madre: <¡A ver si te pongo el culo como un tomate!>

“Madrid es gritar a las cuatro de la mañana señalando las churrerías al aire libre de las afueras con los hornos encendidos como si fuesen los de los asfaltadores nocturnos: <Vamos a comernos unos churros al infierno>

“Nada es ajeno en Madrid, Madrid es uno mismo, una misma”

“Por la mañana niega Madrid lo que se puede suponer que sucedió en la anoche, cosa que no niega París que por eso está siempre inabsuelto”

 

¿Dónde estará ese Madrid que añoraba Ramón en aquellos años? Quizás aún persista bajo otras apariencias, tras los rascacielos acristalados y las autopistas plagadas de coches.
Sus “greguerías”, como llamó a sus rápidos pensamientos llenos de un humor surrealista y escéptico, plasmados en una frase, no han perdido vigencia, son tan actuales como entonces:


“Los que matan a una mujer y después se suicidan debían variar el sistema: suicidarse antes y matarla después”

“El sueño es un depósito de objetos extraviados”

“El que está en Venecia es el engañado que cree estar en Venecia. El que sueña con Venecia es el que está en Venecia”

“No debemos ser cómplices ni de nosotros mismos”

“Respetamos ese insecto que se pasea por el frutero porque es el que ha becado el campo para que vea la ciudad”

“Lo peor del loro es que quiera hablar por teléfono”

“Si te conoces demasiado a tí mismo, dejarás de saludarte”

“El gato rubrica todos sus pensamientos con la cola”

“La sidra quisiera ser champán pero no puede porque no ha viajado por el extranjero”

 

 

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