EL JUEGO DE LOS ABALORIOS. Hermann Hesse

(del prólogo de El Juego de los Abalorios):

El protagonista de la novela de Hermann Hesse, el magister ludi Josef Knecht, es el antagonista del hombre típico y triunfante de nuestro tiempo. Renuncia a su personalidad, a la ambición y a los bienes materiales, para convertirse en función jerárquica. Su libertad individual, disminuye en la medida en que se agranda su autoridad, puesto que ésta, más que licencias y derechos, involucra responsabilidades y deberes. El concepto de poder no forma parte del orden jerárquico que rige la “provincia pedagógica” en que se desenvuelve la vida de Josef Knecht. En esa “provincia pedagógica” que Hesse llama Castalia y que habitan los integrantes de una Orden dedicados a toda suerte de estudios, no exiten lazos de familia, ni honores, ni bienes materiales. Se busca la perfección del espíritu y del alma en el estudio y la meditación, no tanto en beneficio propio como por vocación y en beneficio del mundo exterior que, en su afán de “vivir la vida”, de progreso  y de comodidades, ha dejando de dedicar su atención a los problemas fundamentales de la existencia.”

 

 Párrafos:

“El juego de los juegos, merced a la alternada hegemonía de ésta o aquélla ciencia o arte, se convirtió en una especie de idioma universal, con el cual los jugadores estaban capacitados para expresar valores con ingeniosos signos y para ponerse en relación mutua. En todos los tiempos estuvo estrechamente emparentado con la música y generalmente se desarrolló de acuerdo con reglas musicales o matemáticas. Se fijaba un tema, dos, tres; luego los temas eran expuestos o variados, y corrían la misma suerte que los de una fuga o de un movimiento de sinfonía. Una jugada podía partir de una configuración astronómica fijada o del tema de una fuga de Bach o de un pasaje de Leibniz o de los Upanishad, y desde el tema, según la intención y la capacidad del jugador, se podía proseguir y elaborar la idea madre evocada o enriquecer su expresión con ecos de ideas vinculadas a él. Si el principiante sabía establecer, con los signos del juego, paralelos entre una música clásica y la fórmula de una ley física, para un conocedor y maestro el juego conducía libremente desde el tema inicial a ilimitadas combinaciones.”

 

 

“Comprendí de pronto que en la lengua o por lo menos en el espíritu del juego de abalorios todo es realmente colmado de significado universal, que cada símbolo, cada combinación de símbolos no lleva hacia acá o hacia allá, ni a ejemplos, experimentos y pruebas aisladamente, sino al centro, al saber primario, al misterio, a lo más íntimo del universo. Toda transición de bemol a sostenido en una sonata, toda metamorfosis en un mito o en un culto, toda formulación clásica artística -lo supe en el relámpago de un instante- no es otra cosa considerada en correcta meditación, que un camino inmediato a lo más hondo del misterio universal, donde se cumple lo santo eternamente, en un ir y volver de inspirar y espirar, de cielo y tierra, de Ying y Yang”

 

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Una Respuesta a EL JUEGO DE LOS ABALORIOS. Hermann Hesse

  1. La obra tiene como clave la unificación del aprovechamiento de propiedades en la relación de diversas disciplinas del saber humano, se trata de cómo se podría materializar la síntesis que responda a la necesidad de romper los encerramientos de las especialidades para avanzar hacia el conocimiento de la unidad perfecta, la clave de la arquitectura universal. Aunque la obra se refiere a un artilugio para crear música, en su Introducción , se deja en claro que el ‘juego’ es parte del que tiene “todos los contenidos y valores de nuestra cultura”, donde sus reglas, como “alfabeto y gramática”, “vienen a constituir una especie de lenguaje secreto muy desarrollado, en el que participan muchas ciencias y artes…., y que expresa los contenidos y resultados de casi todas las ciencias y puede colocarlos en correlación mutua”. Es decir, esa Introducción anticipa que en el relato predomina la creación musical, pero no se excluye la de las artes plásticas, a las que se alude, ni la que se podría dar en otras disciplinas del quehacer humano.
    Borges, al prologar una edición de ese libro, manifiesta que “Es evidente que el autor no ha imaginado bien ese juego”. Eso no es cierto; Hesse no habría diseñado una máquina prodigiosa y descrito su utilización, pero sí habría imaginado su naturaleza. Él mismo aclara en la Introducción señalada que no se pretende “en absoluto esclarecer las cuestiones,… que integran la problemática del juego y de su historia” y que no cabría esperar una “elaborada teoría del juego” ni tampoco un “manual del juego”. Es por demás evidente que él imaginó muy bien la esencia del instrumento para realizar el ‘juego’, que es el leitmotiv de su novela. El mismo Borges, a continuación de afirmar que Hesse no habría imaginado bien el ‘juego’, expresa que “si lo hubiera hecho, quienes leen la novela se habrían interesado más en él que en las palabras y ansiedades de los protagonistas y en el vasto ambiente que los rodea”. Y eso, por todo lo que se ha especulado sobre la naturaleza de la máquina para realizar el ‘juego’, le da la razón; la opción de Hesse queda expuesta en toda la Introducción, que probablemente despierta más interés que el relato mismo, al inquietar sobre la naturaleza de un ‘juego’ que no se describe, siendo esto lo que probablemente buscó el autor.
    Cabe pensar que Hesse tuvo una razón muy meditada para no entrar en disquisiciones matemático-creativas, poniendo en un adecuado desequilibrio la inquietud que suscita al principio sobre algo que no describe y lo que cuenta a continuación. Si hubiese explicado el ‘juego’ la narración misma hubiese estado por demás, o por lo menos se hubiera reducido el número de su lectores a los más interesados en las relaciones entre la música y las matemáticas. Como dice la Introducción, la obra no se dirige exclusivamente al círculo de los “peritos en el juego”, “sino que confía en tener lectores comprensivos también fuera de él”; planteamiento que si bien está dirigido a los supuestos lectores de una época futura, donde ocurre lo que se relata, también se lo puede apreciar desde la perspectiva actual.

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