DU FU, un poeta chino del siglo VIII

 

Du Fu es considerado uno de los grandes clásicos de la poesía china. Vivió entre el 712 y el 771, durante la dinastía Tang. Pertenecía a una familia de mandarines y debería haber ocupado una posición prestigiosa dentro de la corte pero una serie de intrigas, rebeliones y guerra civil e incluso invasiones que coincidieron con los últimos años de la dinastia, le arrastrarían hacia la penuria, la incertidumbre y la huida casi constante.

 

Fue gran amigo de Li Po, quizás el máximo poeta lírico de China, que escribiera versos como estos:

“Mide mil varas mi cabello cano
y mis tristezas miden otro tanto.
Me miro en el espejo cristalino
y no me explico por qué está escarchado.”
 

 Los poemas que siguen pertenecen al libro El vuelo oblicuo de las golondrinas que contiene composiciones escritas por Du Fu en los últimos 20 años de su vida:

 

MI CASA

Mi casa del campo, en un recodo de la corriente clara;
su puerta de ramas, junto al camino antiguo.
Oculta del mercado por la densa hierba:
en un lugar tan secreto
no hay que preocuparse del vestido.
Álamos y sauces de frágiles ramas,
y nísperos en los árboles fragantes.
Iluminados por el sol poniente, los cormoranes
cubren los puentes de pesca mientras se secan las alas.
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 

 
 

 

 

 

CONVERTIDO EN CAMPESINO


La ciudad del Brocado* lejos está
del humo y del polvo de la guerra.
En este pequeño pueblo de las orillas del río
no hay siquiera diez familias.
Las breves hojas redondas de los lotos flotan en el agua,
y de los finos tallos de los trigos caen hojas livianas.
He elegido aquí mi hogar para pasar la vejez,
entregado a los cultivos, alejado de la corte.
Siento verguenza si pienso en el gobernador de Goulou:
no puedo ocuparme del cinabrio**.
 
 
*    Jinchenng, donde se fabricaban excelentes brocados.
** Un célebre alquimista, Ge Hong, buscaba la inmortalidad a partir de  la  sublimación del cinabrio.

 

AGUAS DE PRIMAVERA

El tercer mes, y las flores de durazno
flotan sobre las ondas del río.
La corriente recupera sus viejas huellas,
y al amanecer inunda ya los límites de la playa.
El verde esmeralda riela ante el portón de ramas,
en tanto yo reparo mis aparejos
y dejo caer un cebo perfumado.
Ato los tubos de bambú para regar el huertecillo.
Ya son legión los pájaros que llegan volando
y en ruidos algarabía se disputan el baño.
 
 
 

 BALADA AL BORDE DEL CIELO

 

Al borde del cielo, el anciano no puede regresar.
Sol crepuscular, llego por el este a la orilla del gran río, lloro.
En el Longyou, en las Fuentes del Río, ya no cultivan la tierra.
Los jinetes tártaros y los guerreros tibetanos han entrado
en los países de Ba y Shu.
Grandes olas salpican hasta el cielo, el viento arranca los árboles.
Delante vuelan las grullas calvas, detrás los cisnes.
Por novena vez envío una carta a Luoyang:
Hace diez años que no se de mis hermanos.
 
 

 LA TORRE MAS ALTA DE LA CIUDAD DE BAIDI

 

En lo alto de la ciudadela, por un angosto sendero,
estandartes y banderas ofrecen un triste aspecto.
Solitario, aguanto en pie en la torre,
voladiza en la neblina.
Por las rotas gargantas, entre nubes y bruma,
acechan el tigre y el dragón.
Las claras aguas del río, por el sol acariciadas,
albergan tritones y gigantescas tortugas.
Al oeste, las ramas del árbol milagroso*
Se encaran al rocoso acantilado,
y al este, las sombras reflejadas en el Ruoshui
siguen el curso del Río Largo.
 
 
*El fusang, un árbol bajo el cual, según la leyenda, sale el sol.
 
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