ASIMETRÍAS. Salvador Pánikker

 

En este libro, Salvador Pánikker, ingeniero y filósofo, sugiere, examina, contempla, temas relacionados con el hombre, el ser y su entorno.

Estos son algunos fragmentos:

“La razón crítica nos hace agnósticos. Lo que ocurre es que la misma razón crítica, conducida hasta su límite, nos abre a lo místico. En todo caso, uno tiene sensibilidad mística. Uno es, como he dicho, un agnóstico místico”

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“Los sabios de todos los tiempos han proclamado que el absoluto -que también puede llamarse Espíritu, Dios, Vacuidad, etc.- es inefable, y que es inútil tratar de acercarse a él porque estamos ya en él. Como apunta Ken Wilber glosando a Ramana Maharshi, la mente iluminada no es difícil de alcanzar, sino imposible de eludir. No existe ningún camino para llegar al lugar donde ya se está. En este contexto es un error creer que la meditación supone un “esfuerzo” para alcanzar la iluminación. Lo sepamos o no, todos estamos iluminados ya.”

“La mística es la lucidez que nos permite cobrar conciencia de ello.”

“La experiencia cotidiana de cualquier cosa. Dice el divino Khrisna en la Bhagavad-Gita que él está escondido detrás del velo mágico de lo aparente. Otros, más acordes con la visión no-dual, enseñan que la Apariencia es ya la Realidad.  Insisto, pues, en la idea de que la llamada experiencia mística -igual que la experiencia estética, o la erótica profunda- no es más que la misma experiencia cotidiana transfigurada por un cierto sentido de la trascendencia. Es verdad que, a veces, esa experiencia cotidiana puede cobrar la forma de “experiencia cumbre”, con una activación extraordinaria del sistema límbico.”

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“La Chandogya Upanishad enseña que el absoluto es “uno sin segundo”,  donde “uno” ni siquiera es una categoría numérica, donde “uno” no se opone a “muchos”, sino que incluye a ambos, y de ahí la expresión más atinada de “no-dual”. Un budista diría que el absoluto está completamente vacío de toda elaboración conceptual, y un taoista que “no hay nada fuera del Tao”. En todo caso, la vivencia de lo absoluto y la pura conciencia de existir inciden. “

“El principio antrópico afirma que las leyes fundamentales de cualquier universo deben ser tales que permitan la existencia de observadores. Con otros valores de las constantes físicas -que debieron fijarse “casualmente” en los primeros instantes de la creación-, todo sería diferente, y no habría nadie aquí para contarlo.

Por poner un jemplo, la velocidad inicial en el big bang debe estar especificada con la fantástica precisión de para que haya sido posible la vida humana. Si esta velocidad hubiese sido un pelo mayor, la materia del universo se habría expandido demasiado rápidamente y nunca se habrían formado las galaxias, las estrellas y los planetas: si hubiese sido un pelo menor, el universo habría colapsado muy pronto bajo la influencia de la gravedad. Dígase lo mismo en relación a las constantes físicas básicas. O sea que el universo tendría que ser consistente con la existencia de la vida humana, ya que unas variaciones infinitesimales hubiesen conducido a un universo estéril, un universo sin espectadores.

Ahora bien, el principio antrópico no parece mucho más que una tautología: puesto que estamos aquí, ha sido posible que estuviéramos aquí. ¿Diseño previo? parece claro que los valores de las constantes de la naturaleza fueron seleccionados por puro accidente cuando, a medida que el universo se expandía, se iba rompiendo la simetría del estado inicial”

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“Veamos. Hay un Dios puramente mental -aquello mayor de lo cual nada puede ser pensado (Anselmo de Canterbury, Descartes)-, y hay un Dios fáctico con sus mil desconcertantes caras. El primer Dios no conduce a ninguna parte (salvo a la construcción de absurdas teodiceas para resolver el problema del mal), y es el resultado del primado del pensar sobre el ser, característico de un cierto paradigma filosófico desde Parménides y Platón. El segundo Dios es el que uno acepta/experimenta, sin tratar de justificarlo ni de probarlo, igual que uno acepta/experimenta la realidad material que nos circunda.”

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“Además, el Dios platónico y todopoderoso es, como dije antes, una construcción históricamente tardía al servicio de la religión del Estado. Hubo, con anterioridad, un dios más ecológico y real, un dios inseparable de la belleza y de la monstruosidad del mundo, un dios que precedió a las invasiones arias -un dios que era Shiva en la India, Dionisio en el Mediterráneo-, un dios que los conquistadores intentaron expulsar de su panteón porque no correspondía a la imagen de un monarca dominador, racional y político que pudiera servir de paradigma a la religión de Estado, sino que era un dios anárquico, dios de la natura y no de la polis, dios de una religión que no enmascaraba la crueldad de la vida -sólo la ritualizaba-, ni dictaba ninguna ley moral.”

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“En la antigua sociedad china había dos tradiciones: confucionismo y taoísmo. Mientras la primera se ocupaba de la socialización de la conciencia (aprendizaje de las convenciones lingüisticas, éticas, jurídicas y rituales que hacen posible la convivencia), la segunda se encargaba de reparar los daños causados por la socialización, recuperando la creativa espontaneidad reprimida por los convencionalismos. Entre ambas tradiciones componían un auténtico circuito retroprogresivo. Una coexistencia de contrarios que está en la base de la sabiduría.”

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