{"id":3644,"date":"2012-07-15T14:01:51","date_gmt":"2012-07-15T14:01:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.davidzuker.com\/wikilydia\/?p=3644"},"modified":"2012-07-16T07:42:16","modified_gmt":"2012-07-16T07:42:16","slug":"barcelona-y-madrid-visto-por-los-viajeros-del-siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.davidzuker.com\/wikilydia\/2012\/07\/15\/barcelona-y-madrid-visto-por-los-viajeros-del-siglo-xix\/","title":{"rendered":"BARCELONA Y MADRID, VISTAS POR LOS VIAJEROS EUROPEOS DEL SIGLO XIX"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #000080;\"><strong>Barcelona<\/strong><\/span><\/p>\n<p>Hans Christia Andersen realiz\u00f3 un primer viaje a Espa\u00f1a en <strong>1862<\/strong>. He aqu\u00ed unos pasajes sobre Barcelona:<\/p>\n<h5><span style=\"color: #000080;\">\u00abMuy de ma\u00f1ana me despert\u00e9 con m\u00fasica; todo un regimiento de soldados se esparc\u00eda Rambla arriba al son de una marcha. Me falt\u00f3 tiempo para bajar a la prolongada avenida, que divide la ciudad en dos partes desde la Puerta del Mar -el paseo amurallado que rodea el puerto- hasta el arco de Isabel II, frente al que se encuentra la estaci\u00f3n de ferrocarril para Pamplona. A\u00fan no era tiempo de pasear, m\u00e1s bien era la hora del comercio; la capital bull\u00eda por la actividad: ciudadanos y campesinos, oficinistas a pie, labriegos montados en sus mulas, carros y \u00f3mnibus, voces y gritos, chasquido de l\u00e1tigos y tintineo de campanillas, todo ello se entremezclaba con gran estr\u00e9pito y alboroto. Los grandes, magn\u00edficos caf\u00e9s parec\u00edan jactarse de su esplendor; las mesas en el exterior estaban ya todas ocupadas. Vistosas barber\u00edas, con sus anchas puertas abiertas de par en par, alternaban en l\u00ednea con los caf\u00e9s; en el interior de aqu\u00e9llas jabonaban, afeitaban, rasuraban. Los puestos de madera, rebosantes de naranajas, calabazas y melones, se apretaban contra el borde de la acera, para dejar paso all\u00ed donde hab\u00eda una casa o la fachada de una iglesia cubierta de estampas, folletos, coplas y versos \u00abimpresos este a\u00f1o\u00bb. Hab\u00eda aqu\u00ed tanto para ver que no sab\u00eda por donde empezar o acabar con la Rambla, el <em>boulevard<\/em> de Barcelona.<!--more--><\/span><\/h5>\n<h5><span style=\"color: #000080;\">Cuando el a\u00f1o pasado visit\u00e9 por primera vez Tur\u00edn, tuve la impresi\u00f3n de encontrarme en el Par\u00eds de Italia; ahora me sent\u00eda en el Par\u00eds de Espa\u00f1a: en todo hay aqu\u00ed un aire con Francia. Una de las estrechas calles laterales m\u00e1s pr\u00f3ximas se hallaba extraordinariamente concurrida; en los escaparates de las tiendas, contiguos los unos a los otros, se exhib\u00edan muy variados objetos: mantones, mantillas, abanicos de papel y cintas de colores chalaneaban, miraban fijamente y le tentaban a uno &#8230; dej\u00e9 que el azar me guiase. Las calles contiguas eran todav\u00eda m\u00e1s estrechas, las casas rehub\u00edan a\u00fan m\u00e1s el sol, no presum\u00edan de muchas ventanas, pero s\u00ed hac\u00edan alarde de gruesos muros y todos de lona sobre los patios. Al salir a una placita, o\u00ed sonar una trompeta; la gente comenz\u00f3 a agolparse en torno a unos titiriteros que, vestidos de tricot y abigarrados pantalones de ba\u00f1o,\u00a0 con pleno convencimiento de ser artistas nacidos para actuar bajo techo y no en la calle extendieron una gran alfombra sobre el empedrado, para all\u00ed demostrarnos su arte. Un peque\u00f1o de ojos negros, un <em>mignon<\/em> de tierra hispana, bail\u00f3 y toc\u00f3 la pandereta,\u00a0 se dej\u00f3 volver del rev\u00e9s y hacer nudos por su semidesnudo pap\u00e1. Para verlo mejor sub\u00ed un par de escalones que hab\u00eda en la entrada de un viejo patio con una \u00fanica ventana de ajimez, grande, de estilo moruno, con su doble arco de herradura que ca\u00eda sobre esbeltas columnas de m\u00e1rmol. Detr\u00e1s de m\u00ed estaba la puerta entreabierta; me asom\u00e9 al interior: grandes matas de geranios crec\u00edan enrosc\u00e1ndose por una fuente seca y llena de polvo, una enorma parra ensombrec\u00eda medio patio. Aparentemente el lugar estaba abandonado y sin vida. Los postigos de madera se desmoronaban de la \u00fanica bisagra en los cercos sin cristales, all\u00ed dentro no parec\u00eda vivir m\u00e1s que la penumbra con sus murci\u00e9lagos \u00bb &#8230;..<\/span><\/h5>\n<h5><span style=\"color: #000080;\">.. \u00absaliendo por una callejuela, pas\u00e9 a otra igual de estrecha, pero resplandeciente de oro y plata. En Barcelona, como en otras ciudades espa\u00f1olas, persiste la organizaci\u00f3n medieval que permite a los diferentes gremios establecerse en calles propias; as\u00ed, los zapateros tienen su calle para ellos, con sus locales de venta, los fundidores su calle; y as\u00ed sucesivamente. Presto tiene uno ante s\u00ed toda la variada gama del surtido. Paseaba ahora por la calle de los orfebres, donde se exhib\u00edan cadenas de oro y bell\u00edsimas joyas en los escaparates de las tiendas, juntas unas a otras\u00bb &#8230;<\/span><\/h5>\n<h5><span style=\"color: #000080;\">\u00abDesde la amplia plaza con el palacio de la reina y los hermosos edificios con soportales que hay all\u00ed, fu\u00ed hasta el paseo mar\u00edtimo que franquea el puerto. El panorama, desde all\u00ed, es amplio y grandioso, se ve el viejo \u00abMons Jovis\u00bb (Montjuich) &#8230; Desde all\u00ed se domina el mar abierto, con los numerosos barcos en el puerto y todo el arrabal que llaman la \u00abBarceloneta; cuando lleg\u00fae all\u00ed \u00a1menuda algarab\u00eda!. Las calles all\u00ed son \u00e1ngulos rectos, sin m\u00e1s que casas bajas con aspecto de asilo de pobres; por todas partes hay puestos de ropa, quioscos de comidas, trastos viejos y baratijas; carretas de transporte y coches de mulas se cruzan entre s\u00ed, cr\u00edos medio desnudos fumando pitillos, obreros, marineros, campesinos y ciudadanos, retozan al sol, entre el polvo.\u00bb<br \/>\n<\/span><\/h5>\n<h5><span style=\"color: #000080;\">\u00abDespu\u00e9s de comer salimos a la Rambla, que estaba concurrid\u00edsima de paseantes en aquella hermosa tarde. Los caballeros, muy repeinados y elegantes, iban fumando humeantes cigarros, alguno que otro llevaba mon\u00f3culo y parec\u00eda enteramente recortado de una revista de modas francesa. Las damas, por lo general, vest\u00edan la favorecedora mantilla espa\u00f1ola: un largo velo de encaje negro, sujeto al pelo por encima de una gran peineta, desde donde ca\u00eda hasta m\u00e1s abajo de los hombros; sus finas manos mov\u00edan con una gracia especial el abanico negro de lentejuelas. Algunas se\u00f1oras iban a la moda francesa, con sombrero y chal\u00bb.<\/span><\/h5>\n<h5><span style=\"color: #000080;\">\u00abEn ning\u00fan otro pa\u00eds he visto caf\u00e9s tan suntuoso como en Espa\u00f1a; el propio Par\u00eds se queda atr\u00e1s en cuato a lujo y buen gusto. Uno de los m\u00e1s bellos, donde, a diario, me juntaba con los amigos en la Rambla, estaba iluminado por cientos de llamas de gas; el techo, pintado con un gusto exquisito, era soportado por esbeltas columnas; en las paredes colgaban buenos cuadros y magn\u00edficos espejos, cada uno valorado en unos miles de duros. Los pasillos de los pisos superiores conduc\u00edan a los gabinetes y a las salas de billar. Por encima del jard\u00edn, tentador con sus fuentes y macizos de flores, se hab\u00eda extendido un enorme toldo que, al atardecer, sol\u00eda recogerse y permit\u00eda ver el n\u00edtido cielo de color azul verdoso\u00bb<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #003300;\"><strong>Madrid<\/strong><\/span><\/p>\n<p>Theopile Gautier, que adoraba el Romanticismo pero que ya era modernista, pas\u00f3 por Espa\u00f1a en <strong>1840<\/strong> buscando -como Merim\u00e9e- lo \u00abdiferente\u00bb, lo \u00abex\u00f3tico\u00bb . He ah\u00ed su cr\u00f3nica sobre Madrid:<\/p>\n<div id=\"outer_page_36\">\n<div id=\"page36\">\n<div>\n<div>\n<h4><span style=\"color: #003300;\"><em>El Paseo del Prado<\/em><\/span><\/h4>\n<h5><span style=\"color: #003300;\">\u00abLa mantilla es la \u00fanica prenda de la mujer verdaderamente espa\u00f1ola. Lo dem\u00e1s sigue la moda francesa. El traje tradicional es el m\u00e1s adecuado para el car\u00e1cter y cos tumbres de las\u00a0espa\u00f1olas. Ahora tiene una pretensi\u00f3n de parisianismo que el abanico corrige en gran parte. Todav\u00eda no he visto una mujer sin abanico en este pa\u00eds; las he visto que llevaban zapatos de raso sin medias, pero no sin abanico; el abanico las acompa\u00f1a a todas partes, incluso a las iglesias, donde se ven mujeres sentadas o arrodilladas, viejas o j\u00f3venes, que rezan y\u00a0se abanican con fervor santigu\u00e1ndose de vez encuando, seg\u00fan uso espa\u00f1ol: r\u00e1pido y preciso, digno de soldados prusianos y mucho m\u00e1s complicado que el nuestro. En Francia\u00a0se desconoce por completo el arte del abanico.Las espa\u00f1olas lo realizan a maravilla. Entre sus manos juega, se abre y se cierra con tal viveza y velocidad que no lo har\u00eda mejor un prestidigitador. Hay magn\u00edficas colecciones de abanicos. Recuerdo una que constaba de m\u00e1s de cien de diferentes clases; los hab\u00eda de todos los pa\u00edses y de todos los, tiempos; de marfil, de n\u00e1car, de s\u00e1ndalo, de lentejuelas,con acuarelas de la \u00e9poca de Luis XIV y de Luis XV, de papel de arroz, del Jap\u00f3n y de la China. Algunos cuajados de rub\u00edes, de diamantes y de piedras preciosas mostraban, adem\u00e1s, buen gusto en su lujo y justificaban esta man\u00eda del abanico, que es encantadora para una mujer bonita. Los abanicos, al abrirse y\u00a0cerrarse, producen una especie de rumor, que constantemente repetido compone una nota flotante en todo el Paseo, que para el o\u00eddo franc\u00e9s constituye un ruido original. Cuando una mujer se encuentra a alg\u00fan conocido le hace una se\u00f1a con el abanico al mismo tiempo que le dice la palabra \u00ababur\u00bb.<\/span><\/h5>\n<h5><span style=\"color: #003300;\">Ahora es preciso que digamos algo de las bellezas espa\u00f1olas. Lo que nosotros consideramos en Francia como el tipo espa\u00f1ol no existe en Espa\u00f1a, o por lo menos, yo no lo he visto. Al hablar de mantilla y mujer nos imaginamos un rostro largo y p\u00e1lido de grandes ojos negros, con curvas y finas cejas de terciopelo, nariz un poco arqueada y labios rojos como una granada; todo ello con un tono c\u00e1lido y dorado, semejante al que alude aquel romance: <em>Elle est jaune comme une\u00a0orange.<\/em><\/span><\/h5>\n<h5><span style=\"color: #003300;\">\u00a0Este tipo es m\u00e1s bien \u00e1rabe que espa\u00f1ol. Las madrile\u00f1as son encantadoras, en toda la amplitud de la palabra; de cada cuatro, tres son bonitas; pero no responden a la imagen que nosotros podemos formar. Son peque\u00f1as, lindas y bien formadas; fr\u00e1giles de cintura, pie diminuto y hermoso pecho; pero la piel es demasiado blanca; los rasgos, por delicados, se acent\u00faan poco; los labios, en forma de coraz\u00f3n, dan al conjunto una similitud con los retratos caracter\u00edsticos de la \u00e9poca Regencia. Muchas tienen el pelo casta\u00f1o claro y no es dif\u00edcil, al dar un par de vueltas por el Prado, encontrar siete u ocho clases de rubias, de todos los matices, desde el rubio gris\u00e1ceo al rojo fuerte, el rojo de la barba de Carlos V. En Espa\u00f1a hay rubias; ser\u00eda err\u00f3neo no creerlo as\u00ed. Tambi\u00e9n abundan los ojos azules; pero gustan menos que los negros. Nos cost\u00f3 cierto trabajo acostumbrarnos a ver mujeres escotadas como para ir a un baile, con los brazos desnudos, zapatos de raso, el abanico y las flores. Y m\u00e1s, verlas as\u00ed en un sitio p\u00fablico, pase\u00e1ndose sin dar el brazo a ning\u00fan hombre; aqu\u00ed esto no es costumbre, a no tratarse de un pariente cercano o del marido. Se contentan solamente con ir a su lado, al menos durante el d\u00eda, pues de noche parece que la etiqueta es menos rigurosa, particularmente con los extranjeros que no pueden conocerla muy bien.<\/span><\/h5>\n<h5><span style=\"color: #003300;\">La manola es un tipo desaparecido; lo mismo que las <em>grisetas<\/em> de Par\u00eds o las <em>transtiberianas<\/em> de Roma. Nos las hab\u00edan ponderado mucho y es posible que existan, pero sin car\u00e1cter pintoresco y audaz. En otro tiempo se las ve\u00eda por el Prado con sus ademanes pintorescos y su traje peculiar; hoy es muy dif\u00edcil distinguirlas entre las burguesitas y las mujeres de los\u00a0comerciantes. He procurado encontrar a la manola aut\u00e9ntica por todos los rincones de Madrid: en los toros, en el jard\u00edn de las Delicias, en el Nuevo Recreo,<\/span><span style=\"color: #003300;\"> en San Antonio de la Florida,y\u00a0no he hallado ninguna que respondiese al tipo. Cierto d\u00eda, paseando por el Rastro \u2014que viene a ser el Temple de Madrid\u2014, despu\u00e9s de haber pasado sobre el cuerpo de innumerables mendigos tendidos en tierra, que dorm\u00edan arropados en sus andrajos, desemboqu\u00e9 en una callejuela desierta. All\u00ed encontr\u00e9 por primera y \u00fanica vez a mi perseguida manola.Era una muchacha alta, fuerte, de unos veinticuatro a\u00f1os, que es la edad m\u00e1xima permitida a las grisetas y a las manolas. Su rostro era moreno, firme y triste la mirada; boca sensual y un algo de africano en el estilo de su cara. Ostentaba una hermosa mata de pelo, azul a fuerza de ser negro, trenzada como el asa de un cesto y sujeta a la cabeza por una gran peineta de teja; en sus orejas luc\u00eda unos pendientes de coral, y en su cuello moreno se ve\u00eda un collar de la misma clase; una mantilla de terciopelo negro encuadraba su cabeza y sus hombros; el traje, de pa\u00f1o bordado, cortos como el de las suizas de Berna, mostraba unas piernas finas y nerviosas, ce\u00f1idas por medias de seda negras, muy tirantes; los zapatos eran de raso, anticuados de forma, y el abanico encarnado temblaba como una mariposa violenta entre sus dedos, recargados de sortijas\u00a0de plata. Esta manola, que podemos considerar la \u00faltima, volvi\u00f3 la esquina de la callejuela y desapareci\u00f3, dej\u00e1ndome asombrado de haber visto\u00a0en la vida real\u00a0un disfraz de \u00f3pera.<\/span><\/h5>\n<div><\/div>\n<h5><span style=\"color: #003300;\"> Por el Prado pasean y pude ver algunas aldeanas de Santander, con su traje regional; estas pasiegas son estimadas en Espa\u00f1a como excelentes nodrizas, y su amor a los ni\u00f1os es tan tradicional como en Francia la honradez de los auvernianos; son mujeres guapas,vigorosas y fuertes. Llevan faldas rojas, de muchos pliegues, orilladas con un gal\u00f3n ancho; corpi\u00f1o de terciopelo negro, adornado de oro, y en la cabeza un pa\u00f1uelo de colorines; ostentan tambi\u00e9n alhajas de plata con profusi\u00f3n salvaje. Ahora veamos un momento el traje de los hombres. Mirad los figurines de modas que se llevaban en Par\u00eds hace seis meses y tendr\u00e9is una idea exacta. Par\u00eds es la obsesi\u00f3n de todo el mundo y recuerdo haber le\u00eddo un r\u00f3tulo en un limpiabotas, que dec\u00eda:<\/span><\/h5>\n<h5 style=\"text-align: center;\"><em><span style=\"color: #003300;\">Se limpia las\u00a0botas; al estilo de Par\u00eds.<\/span><\/em><\/h5>\n<div><\/div>\n<h5><span style=\"color: #003300;\">Los modelos de Gavarni son el ideal que se proponen alcanzar estos modernos hidalgos; ignoran que s\u00f3lo lo que ya pas\u00f3 en Par\u00eds llega hasta ellos. En general, van mejor vestidos que las mujeres y tan enguantados y charolados como les es posible. Sus levitas son correctas y sus pantalones ajustados; pero la corbata y el chaleco, las \u00fanicas prendas del traje moderno en que puede demostrarse alguna fantas\u00eda, no siempre son del mejor gusto.<\/span><\/h5>\n<h5><\/h5>\n<h5><span style=\"color: #003300;\">A las nueve y media el Prado\u00a0comienza a despoblarse y la gente se dirige hacia los\u00a0caf\u00e9s ybotiller\u00edas de la calle de Alcal\u00e1 y otras calles c\u00e9ntricas.\u00bb<\/span><\/h5>\n<h5><\/h5>\n<div>\n<h5><span style=\"color: #003300;\">\u00bb Los caf\u00e9s m\u00e1s famosos de Madrid son: el de la Bolsa,en la esquina de la calle de Carretas; el Nuevo, donde se re\u00fanen los exaltados; otro caf\u00e9 cuyo nombre no recuerdo, donde van las gentes de opini\u00f3n reaccionaria, a quien llaman cangrejos; el de Levante, en la Puerta del Sol, y el del Pr\u00edncipe, junto al teatro de este nombre, lugar y tertulia\u00a0de artistasy literatos. Estos son los mejores sin que quiera decir que son buenos. El caf\u00e9 no se sirve en tazas, sino en vasos, y en general se consume muy poco. En los caf\u00e9s de Madrid se ven m\u00e1s mujeres que en los de Par\u00eds y los peri\u00f3dicos que en estos locales se encuentran corrientemente son: el Eco del Comercio, El Nacional y El Diario, que se\u00f1alan la fiesta del d\u00eda, la gu\u00eda de misas y sermones, la temperatura, las criadas y criados que desean colocarse. A las once, la gente se retira; no quedan m\u00e1s que algunos rezagados que pasean por la calle de Alcal\u00e1. En las calles s\u00f3lo se ven los serenos, con su farol al extremo de un chuzo, su capa corta y\u00a0su grito acompasado para cantar la\u00a0hora\u00bb <\/span><\/h5>\n<h5><\/h5>\n<div>\n<h5><span style=\"color: #003300;\">\u00abLa Puerta del Sol no es una puerta, como podr\u00eda creerse, sino m\u00e1s bien la fachada de una iglesia de color ros\u00e1ceo, con un cuadrante que se ilumina de noche, irradiando flechas de oro de donde le viene el nombre de Puerta del Sol. Delante de esta iglesia hay una gran plaza, formada por la calle de Alcal\u00e1, en su principio, y las de Carretas y la Montera. El Correo, ocupa la esquina de la calle de Carretas y tiene fachada a la plaza. La Puerta del\u00a0Sol es el punto de cita de todos los vagos de la ciudad, que, por lo visto, contiene bastantes, pues desde las ocho de la ma\u00f1ana se acumulan en ella en gran n\u00famero. Todos estos graves personajes envueltos en su capa, haga fr\u00edo o calor, permanecen all\u00ed horas y horas. La pol\u00edtica sude ser el tema general de la conversaci\u00f3n; la guerra ocupa en gran parte las imaginaciones. En la Puerta del Sol se hacen m\u00e1s combinaciones estrat\u00e9gicas que en los campos de batalla y en todas las guerras del mundo.\u00bb<\/span><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Barcelona Hans Christia Andersen realiz\u00f3 un primer viaje a Espa\u00f1a en 1862. 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